Atila (El "Uno")

Dentro de una partida, para hacer una acción, hay que tirar cierto tipo de dados, dentro de una serie de reglas, más o menos complicadas. Cuanto más alto tires, mejor; pero si sacas el más bajo número - un uno - es peor que no sacar ningún éxito: es una pifia.
Y pifiar puede llegar a ser desastrosamente divertido.
Recuerdo que, una vez, en la partida de D&D que estoy jugando ahora, me sucedió algo, que dió pié al bardo de nuestro grupo hacerse poco más que de oro.
Mis dados tienen una peculiaridad: a veces me sacan tantos éxitos como pifias (anulandose así muchas buenas oportunidades de conseguir la meta propuesta).
En aquella ocasión, mi personaje - una semidrow caótico neutral (es decir, una semielfo oscura ni buena ni mala) - había enviado a su cuervo a espiar las actividades de un ser, que resultó ser un enorme dragón. Para llegar hasta la zona donde había desaparecido mi pobre animal, tenía que escalar un tramo de pared montañosa. La acción transcurrió más o menos así:
narrador: Tira para ver si tu garfio se engancha en la roca - (algunos éxitos) - bien, se engancha. Tira ahora para subir un tramo - (tiro, y pifio) - se desengancha.
(Me sucede así como unas tres veces seguidas: se enganchaba el garfio, pero no conseguía subir más allá de donde estaba) A la tercera vez que intento escalar, vuelvo a pifiar bien... y me caigo de espaldas lo poco que había conseguido escalar.
Lo vuelvo a intentar, consiguiendo subir un tramo bastante grande, pero en la última parte resbalo, y caigo al vacío. El dragón, que lo estaba viendo desde arriba, tiene piedad de mí y me levita hasta donde está él, meneando la cabeza ante tanta patosidad.
Pero lo peor estaba por llegar: La superrata.
Bueno, en realidad era una rata normal y corrientucha, que no se le ocurre mejor cosa que querer morderme en el tobillo... con tan mala suerte - la mía - que pifio ante sus "terribles ataques", dejándome medio muerta... y me hubiera matado de no ser por el gigantesco pisotón que le propinó el buenazas del dragón. Los demás jugadores miran atónitos cómo no consigo vencer a una insignificante rata..., descojonándose de risa, claro.
El dragón me baña en su sangre (para devolverme a la vida), y me devuelbe a mi pobre cuervo. Mi personaje se va para ayudar a sus compañeros en una batalla contra dos enormes trolls... sin poder lavarse, claro, rodeada durante tooodo el resto del día en sangre reseca y una horda de moscas.
Claro está que aquel dragón, después de la batalla (ya con más fortuna, la mía), se nos une en la taberna bajo aspecto humano (mientras mi personaje intenta desesperadamente quitarse de encima toda la roña que lleva pegada al cuerpo), y no se le ocurre mejor forma de pasarlo bien que contarle al bardo mi "hazaña" con la rata.
Durante lo que duró la juerga nocturna, éste último tuvo un montón de bises para que cantara una y otra vez la balada de la semidrow, la rata y el dragón.
Aún le sigue persiguiendo esa dichosa cancioncilla en noches de pesadilla a mi personaje...
En fin, que las pifias también son "momentos memorables".

